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Los terremotos que hicieron la norma

Las normas sísmicas no se escriben en abstracto: se escriben después de los terremotos, con la lista de daños sobre la mesa. La COVENIN 1756 es el resultado de casi dos siglos de esa pedagogía brutal. Este artículo recorre los cinco sismos que más marcaron a Venezuela y conecta cada uno con el cambio normativo que provocó; la cronología de las normas en sí está en Historia de la norma sísmica venezolana.

1812: el terremoto de la independencia

El Jueves Santo 26 de marzo de 1812, en plena Primera República, la tierra destruyó en segundos varias de las principales ciudades patriotas: Caracas, La Guaira, Barquisimeto, San Felipe, El Tocuyo y Mérida. Es el desastre más mortífero de la historia venezolana, y también uno de los peor acotados: las cifras tradicionales hablan de 15.000 a 30.000 muertos en total (unos 10.000 en Caracas), mientras que revisiones documentales modernas —notablemente las del historiador Rogelio Altez— reducen la cifra caraqueña a alrededor de 2.000. Las dos lecturas circulan en la literatura y conviene decirlo abiertamente.

La sismología moderna tampoco lo trata como un solo evento: los trabajos de Altez y de Palme y colaboradores sostienen que fueron al menos dos rupturas casi simultáneas —una en el centro-norte (Caracas–La Guaira, asociable al sistema San Sebastián) y otra en los Andes (Mérida, asociable a Boconó)— con magnitudes estimadas entre M ≈ 6 y M ≈ 8 según el estudio. El clero realista lo predicó como castigo divino contra la República; la respuesta de Bolívar quedó para la historia: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca». De 1812 no salió ninguna norma —faltaba más de un siglo para la primera—, pero sí la certeza fundacional de que el eje montañoso del norte, donde vive el país, es territorio sísmico.

1900: San Narciso, el primer sismo instrumental

En la madrugada del 29 de octubre de 1900 (≈ 4:42 a.m.), un terremoto con epicentro costa afuera del estado Miranda sacudió Caracas, Guarenas, Guatire y Barlovento. Las magnitudes estimadas van de M 7,6 a 8,0; FUNVISIS lo describe como el último gran terremoto «histórico» y el primero registrado por instrumentos en el país. Las víctimas también varían según la fuente: los recuentos van de una veintena de muertos hasta alrededor de 140. En Guatire colapsaron más de 200 casas y hubo un tsunami local en Barlovento. La Caracas de 1900 era todavía una ciudad baja de tapia y teja, y el Estado no reaccionó con regulación: las primeras exigencias sísmicas llegarían con las normas MOP de 1939.

1950: El Tocuyo y la revisión MOP 1955

El 3 de agosto de 1950, un sismo de magnitud ≈ 6,6 (los estimados van de 6,3 a 6,9) con epicentro en la zona de Carache destruyó buena parte de El Tocuyo, en el estado Lara: unos 15 muertos, cerca de un centenar de heridos y más de 250 viviendas destruidas, con cientos más inhabitables. La reconstrucción, hecha de apuro y con criterios «modernos», borró casi todo el casco colonial tocuyano — una lección temprana de que la gestión posterremoto también deja cicatrices. En lo normativo, el sismo empujó la revisión de 1955 de las Normas MOP, que sustituyó a la de 1947 y elevó las exigencias del coeficiente sísmico de la época.

1967: Caracas y el nacimiento de la ingeniería sísmica moderna

El 29 de julio de 1967, a las 8 de la noche, un sismo de magnitud 6,5–6,7 con epicentro frente al Litoral Central golpeó a una Caracas que se había llenado de torres en el boom de los cincuenta y sesenta. Murieron más de 230 personas (FUNVISIS reporta 236; otras fuentes se acercan a 300). El daño tuvo un patrón inquietante: colapsaron cuatro edificios de 10 a 12 pisos en Los Palos Grandes —Neverí, San José, Palace Corvin y Mijagual— y la Mansión Charaima en Caraballeda, mientras estructuras similares en otras zonas de la ciudad resistieron.

La explicación fue el efecto de sitio: Los Palos Grandes se asienta sobre depósitos sedimentarios profundos (del orden de 300 m) cuyo período de vibración coincidió con el de los edificios altos, amplificando la respuesta justo donde más dolía. Los coeficientes fijos de las normas MOP no capturaban nada de eso. La reacción fue inmediata y doble: ese mismo año se dictó la Norma Provisional para Construcciones Antisísmicas (1967), ya con espectros de diseño, y en 1972 se creó FUNVISIS, el instituto sismológico nacional que desde entonces sostiene técnicamente la normativa y los estudios de microzonificación de Caracas. Si hay una fecha de nacimiento de la ingeniería sismorresistente venezolana moderna, es el 29 de julio de 1967.

1997: Cariaco y el problema de lo ya construido

El 9 de julio de 1997, a las 3:23 p.m., la falla de El Pilar rompió en superficie a lo largo de decenas de kilómetros en el estado Sucre: magnitud Mw 6,9–7,0 (Ms 6,8), profundidad ≈ 9 km. El saldo oficial fue de 73 muertos (algunos recuentos citan 71) y más de 500 heridos. Lo devastador no fue solo la cifra sino el qué colapsó: en Cariaco se vinieron abajo el Liceo Raimundo Martínez Centeno y la Escuela Valentín Valiente —con estudiantes adentro— y en Cumaná el edificio Residencias Miramar, donde murieron 21 personas. Hubo además licuación y desplazamientos laterales en los suelos blandos costeros.

Cariaco expuso el flanco que las normas de diseño no cubren: el inventario existente. Escuelas y edificios proyectados con normas viejas —con vicios hoy clásicos como la columna corta de los módulos escolares— seguían en servicio sin evaluación alguna. La lección cayó en terreno fértil: la revisión de la norma estaba en plena gestación (el articulado de consulta de la futura 1756:1998 se imprimió apenas un mes después del sismo), y la versión definitiva, la COVENIN 1756:2001, dedicó y afinó su Capítulo 12 a las edificaciones existentes —evaluación, adecuación y el castigo de usar R = 1 cuando la estructura no cumple los requisitos actuales—, además de impulsar los programas de reducción de riesgo en edificaciones escolares que FUNVISIS lideró en los años siguientes.

La amenaza sigue ahí

Nada de esto es historia cerrada. El límite entre las placas Caribe y Suramérica atraviesa el norte del país por el sistema de fallas Boconó–San Sebastián–El Pilar (unos 20 mm/año de movimiento relativo), exactamente el corredor donde se concentran las ciudades. FUNVISIS estima que alrededor del 80 % de la población venezolana vive en zonas de amenaza sísmica elevada. Puede ubicar su municipio en la zonificación de la norma con la calculadora de zona sísmica.

De cada sismo, una regla

EventoLección técnicaCambio que provocó
1812 (Caracas, Mérida, Barquisimeto)El eje norte-costero y andino, donde vive el país, es territorio sísmicoNinguno inmediato; conciencia fundacional del riesgo
San Narciso, 1900Caracas puede recibir sismos M ≥ 7,5 cercanosPrimer registro instrumental; sin respuesta normativa
El Tocuyo, 1950El interior del país también concentra amenaza; la tapia no perdonaRevisión de las Normas MOP en 1955
Caracas, 1967Efecto de sitio: suelo profundo + edificio alto = resonancia; los coeficientes fijos no bastanNorma Provisional 1967 (espectros) y creación de FUNVISIS (1972)
Cariaco, 1997El riesgo mayor está en lo ya construido: escuelas y edificios prenormaCapítulo 12 (edificaciones existentes) de la 1756:2001; programas de evaluación escolar

La moraleja es incómoda pero útil: cada avance de la COVENIN 1756 tiene detrás una lista de víctimas. Entender esos terremotos no es cultura general — es entender por qué la norma exige lo que exige.

Fuentes: FUNVISIS (reportajes sobre los sismos de 1812, 1900, 1950, 1967 y Cariaco 1997, y estimación de población en zonas de amenaza); R. Altez y C. Palme et al., «Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Venezuela» (Rev. Geográfica Venezolana / Scielo); Fundación Instituto de Ingeniería, «Evolución de las normas sismorresistentes en Venezuela»; artículos «Terremoto de Venezuela de 1812», «Terremoto de San Narciso de 1900», «Terremoto de El Tocuyo» y «Terremoto de Cariaco de 1997» (Wikipedia, consultados en julio de 2026); prólogo y Capítulo 12 de la COVENIN 1756:2001 (edición digital de este sitio).

Este artículo es material editorial de divulgación, elaborado a partir de fuentes públicas consultadas en julio de 2026. Las magnitudes y cifras de víctimas de los sismos históricos son estimaciones que varían entre fuentes, y así se indica en el texto. No sustituye a los textos normativos oficiales ni constituye asesoría de ingeniería.